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lunes, 14 de septiembre de 2009

El color del fin.

-La ataron, le extirparon el pensamiento mientras las ovejas caían  de a miles, tienen las garras afiladas._sus ojos cayeron al razonar sobre lo sucedido.
-Es un pelotuda._dijo Alfonso con su acento bien marcado y cierta soltura.
-No hay pelotudos cuando la vida está en juego, ¿qué esperabas?_le contagió la pérdida.
-Perdoname, no merecía morir._desciende de la cima de su estupor para comprender a su amiga.
-Ahora la cuestión es qué vamos a hacer, tenemos cinco horas antes de que aparezca en los medios la filtración._la perturbación de solo pensarlo la llevó toser, el dolor en el pecho la obligó a encorvarse durante unos minutos.
-Mirá Natalia, tenemos plata para escaparnos, yo no quiero caer en las garras de esos hijos de puta, me van a procesar por delitos que no fueron míos, voy dos pasos adelante, nos vamos en coche ahora mismo y nos olvidamos, empezamos de nuevo.
-¿Qué?, ¿empezar de nuevo?, tú estás loco de remate, ¡quieren exactamente eso!, su voz se apagó y nadie va a hacer nada, al menos nos tiene a nosotros, somos su último grito, Alfonso._ una mujer pasó a escasos metros, están sentados en un parque público.
-¡Esa gente no quiere gritos!, odia la verdad, la repele con el ocio, tienes esa idea de fingir ser un mártir, ¿para quién?, caeremos en sus garras, Natalia, mirame, ¡mirame a los ojos!, ¿ves que te miento?, no tengo dudas que nos enfrentamos a la muerte.
-Esto es una democracia Alfonso, no temas, no es la Argentina que dejaste.
-Es mucho peor Natalia, no tenés ni la más remota idea de lo que crees saber, no hay ciencias que estén detrás de esto, el poder es uno de los peores males, luchar contra la enfermedad sin medicamentos es una condena que no mereces, tu pasado debe reivindicarse, nadie va a alentarte a seguir, nos quedamos solos, ¡muy solos!, los tiempos de revoluciones terminaron, el control no tiene límites, Natalia, mirame a los ojos, ¡carajo!, mirame te digo.
-Tranquilízate, no grites, ¡no grites que estoy muy nerviosa!, lo dejé todo, le prometí a mi padre que lo haría por él, ahora míranos a lo que hemos llegado, frustraremos las otras intervenciones.
-¡Es una auténtica locura!, el resto va a morir en unas horas, el mundo ya está hablando de nuestro intento golpista, van a torcer a nuestros seguidores, ¡perdimos Natalia!, es ahora o nunca.
-No puedes hacerme esto, no, no y no._ arrancó algunos pelos de la furia desmedida.
-Ya no somos lo que pensábamos que éramos, morirán más sino no tomamos medidas, hay gente que lo dejó todo por la causa.
-¿Y yo?, mi padre lloró al saberme de su lado, su última lágrima fue de agradecimiento, reivindicar el pasado es eso, ¿qué hago con la pena al escapar?, no hay playa, cuidad o bosque que me aleje del tormento, vete Alfonso, lo haré sola.
-No, no lo vas a hacer.
-¡Vete!, tú no sabes lo que es el compromiso, cerrará los ojos, lo juro, algunos lograremos el éxito, aunque mueran dos de ellos.
-No hacemos nada, podemos arreglarlo, retomar las órdenes y analizar, desaparecer pero por un tiempo nada más, así recobraríamos fuerzas, desmantelar...
-Nos ha llevado años Alfonso, voy a descabezar a las dos familias, es ahora o nunca.
-Pero... Natalia, sin mi no podés.
-Entonces vienes conmigo._abrió una cápsula con un líquido transparente y mojó sus dedos.
-¿Me estás amenazando?
-Si te toco mueres, no quiero provocar una agonía innecesaria.
-Natalia...
-Vamos, sé que quieres, es temor, ¿y si todos lo logran?, difundirán mentiras, los medios dicen la verdad cuando anuncian la hora y el día, el resto es pura mierda... si mueren los gobiernos comenzarán a agrietarse y los golpes serán certeros, es la única vía, somos el instrumento Alfonso.
-No quiero...
-¿Morir?, deja ya eso, haremos historia, tu honor y el mío serán recordados, nadie sabrá de nuestras dudas, pero yo no las tenemos, ¿verdad mi amigo?
-No.
-Dame un beso._la tarde radiaba luz como pocas, el parque estaba próximo al cementerio en donde las dos familias más influyentes despedían los restos mortales de un soldado. El reloj marcó el minuto inicial, la misión encomendada era comenzar el nuevo orden. Los hilos al fin comenzaron a cortarse, el sacrificio fue... sus ojos se cerraron al tocar con sus dedos a Alfonso, los gritos y disparos fueron los fuegos de artificio que tanto se habían prometido el uno al otro frente a la tranquilidad de una playa desierta... la muerte supo vestirse de amarillo.

viernes, 19 de junio de 2009

3 Kilómetros.

-¡Ahora vuelvo chicos!, ¡voy a buscar ayuda, no hagan nada!_ gritó desesperado y echó a correr mirando sus pies, no podía mirar de frente el camino, actuaba de memoria, el pueblo estaba al menos a unos tres kilómetros, tenía los minutos contados, era su primera vez para todo, pero no para nadar, no había querido aprender. Las piedras lastimaban sus plantas de los pies en cada error, aunque su atención estaba centrada en el recorrido, le fue inevitable evadir esas lastimaduras que recordaría por el resto de su vida. Pensó en sus miradas, en las sonrisas anteriores, en lo que le dirían sus padres, en el castigo que les pondrían al terminar. Lloraba mientras corría, sus lágrimas le daban frío en sus cienes, alguna se coló hasta la oreja, pero no se detuvo, no pasaba ningún coche, gritaba por si alguien le oía mientras lo hacía. Ninguna casa encendió una luz a su paso, nadie se enteró de sus gritos, pese a los obstáculos, el cansancio y las lastimaduras Ergoitz siguió sin pensárselo, era de los fuertes, podía con eso, aunque no con los sermones de los adultos, odiaba que le pongan en evidencia delante de sus hermanos. Gritaba con sus brazos hacia atrás para aliviar la presión del pecho, sudaba en demasía, sus nervios causaban calor sumado a la consecuencia lógica del esfuerzo físico.- ¡Ayuda!, ¡mis amigos están mal!, ¡necesitamos ayuda por favor!_ se detuvo en una casa oscura y con una huerta enorme, gritó porque había un coche aparcado.-¿No hay nadie en ésta casa?, ¡necesitamos ayuda!, ¡por favor!, ¡por favor!, mis amigos están..._ no tenía voz ni aire, sus pies latían ardiendo, los miró asombrado pero no pensó en qué era realmente el dolor, quería correr y correr, necesitaba el abrazo de alguien que lo devuelva a casa, se sentía perdido en el camino a casa. Al cruzar la carretera una furgoneta tocó el claxon y lo esquivó sin detenerse, le gritó, hizo señas y nada provocó que ese hombre imprudente se detenga a escuchar su historia. Derrotado por sus pensamientos, nervios y cansancio físico el niño llegó al portal, se detuvo, no quería tocar el timbre, estaba a punto de arrepentirse. 
-¡Ergoitz!, ¿qué sucede?, ¿por qué corres así?, ¿y tus amigos?, Ergoitz, ¿qué sucede?, ¿dónde coño están Beñat y Andoni?, ¿¡dónde están Ergoitz!?, ¡habla!, Ainoa, si aquí está, baja a hablar con el niño que no quiere decir nada, ¡lo único qué hace es llorar!, mierda de maricón criamos._ su madre bajó al de dos minutos, desesperada por su corazonada lo abraza, mira sus pies y las manchas de sangre en la acera. 
-¿Qué tienes mi amor?, ¿qué han hecho?, dime ya donde están, tenemos que hacer algo, ¿los han secuestrado?, ¿se perdieron?, ¿quemaron algo?, dime hijo, pronto vendrá la policía y ellos no son como nosotros. Mi amor, ¡habla!_ el niño no dijo nada, no tardó en llegar la policía, en unos minutos estaba rodeado de gente desconocida, por las ventanas todos miraban y murmuraban, pensó en todas las luces encendidas que había y se preguntó por qué no se habían encendido para ayudarle en el camino. 
-Hola pequeño, tienes que decirme lo que ha pasado, ¿cómo te llamas?_ lo lleva de la mano hasta la furgoneta, llegan más patrulleros y algunos coches privados, la policía autónoma acordona las inmediaciones, el estado de la gente es de alarma, algunos gritan en euskera, ¡cipayos!, otros se enfrentan a las voces con gritos de repulsa, la tensión se vuelve más densa, por la mañana habían asesinado a un inspector con una bomba en su coche.
-Mi nombre es Ergoitz... mis amigos... mis... soy Ergoitz, me dijeron que iban a aguantar la respiración y salieron, tengo miedo, quiero irme a casa._ echó a llorar en los brazos del oficial.
-¿Dónde están Ergoitz?, ¿puedes guiarnos?_ el padre se acerca y con una seña del oficial alza al niño.
-Estábamos en el dique, junto a la represa, donde fuimos hace unos días._ le dijo el niño a su padre al oído.
-Sé donde es, tú te quedas con tu madre, ¿estás seguro qué es allí?, ¡Ergoitz!, ¿es el del árbol encorvado?_ el niño asiente sin mirarle la cara, su madre lo alza y lo lleva al tumulto de mujeres en batas y pijamas.
-¿Por qué se quedaron hasta la noche mi amor?, está mal Ergoitz, muy mal, ahora que Dios diga lo que tenga que decir.
-Pero no es mi culpa, ellos han querido jugar a eso, a mi no me gusta, les he dicho que no lo hagan pero se rieron y no volvieron, ¿van a volver, mamá?_ dijo llorando con la mucosidad saliendo de su boca y nariz.
-No lo sé, espero que sí._ le susurró a los oídos y lo abrazó sintiendo la pena de saber la verdad, no había esperanzas para sus amigos.

Toda la noche un grupo de voluntarios se encargaron de buscar a los dos niños, sin ningún éxito. A la mañana siguiente rastrearon la zona buscando evidencias mientras que un buzo de la capital vizcaína se encargó de buscar debajo del agua, tarea que casi le costó la vida, las corrientes estaban gobernadas por túneles naturales a varias direcciones. Los padres sabían que no había esperanzas, la ciudad se vistió de luto, mientras que dos nuevos buzos corrieron la misma suerte que el primero, llamaron a medios de comunicación y se presentó ante la audiencia nacional el caso, un experto de la policía de Madrid se presentó  gracias a la nota periodística en la mañana del cuarto día. La histeria era dueña del barrio, las lágrimas brotaban de las flores y los jardines descuidados, el duelo y el silencio era abrumador, estaban expectantes de poder velar sus cuerpos y al menos despedirlos. La tarde del quinto día hubo noticias.

-He dado con los niños, los hemos podido sacar del agua, no puedo quitarme sus rostros de mis ojos, creo que de un momento a otro se vieron debajo del agua y sin poder salir, la corriente no es fuerte pero el túnel desorienta... creo que sintieron estar apresados, y uno pensó que el otro iba a salvarlo, no me lo explico, es muy triste... sus caras estaban... los he encontrado juntos, en el mismo túnel y abrazados, es imposible separarlos, sus cuerpos están unidos con una última fuerza que me corta la respiración ahora mismo... lo lamento, no puedo seguir hablando, lo lamento, con el alma, esos niños se unieron... es que... nunca olvidaré sus rostros.

La ciudad se llenó de lágrimas y flores, no hubo lluvia que aleje a toda esa gente triste, el abrazo fundió la desesperación en cada una de aquellas personas imprudentes que dejaban libres a sus niños ante el peligro.

domingo, 8 de febrero de 2009

John Badiou

No puedo terminar de leer la carta que acaba de llegar a mi puerta, oigo a los niños jugar fuera, he llegado de la universidad hace unos momentos; no han pasado ni dos horas.
Mis hijas todavía no llegan y mi mujer está de camino, he preparado una infusión que nos gusta compartir, es una infusión que se bebe con una pajita, y el cuenco se rellena y se comparte con amigos, con quién lo desees, nos gusta beberla desde nuestro último viaje a Perú. 
La carta está deshecha sobre mis zapatos, la brisa revuelve papelitos por el aire,  yo estoy escuchando esos niños jugar y pienso en mis niñas, en como serán de adultas, se me hace un nudo en el estómago de pensarlas follando, me duele saberlas incompletas. Acabo de destruir esa carta con odio, me detesto a mi mismo, no puedo soportarme de pie, me arrodillo, me hago una bola deforme sobre el suelo.
Pienso, lee mis pensamientos.
-Esos hijos de puta no pueden tomar mi cuerpo y hacer lo que quieran, no tienen derecho, mis hijas, ¿Qué les digo?, son tan pequeñas, no comprenderían que una vida puede significar mucho para tanta gente. Isabel me va a odiar si lo hago, va a pensar que las dejo solas en un mundo injusto, y no van a estar felices por mi buena acción, estoy seguro. Mis vecinos van a hablar de mi hasta la muerte, todos sabrán mi apellido pero mi nombre seguramente será menos repetido, como Bell. En mi clase mis alumnos siempre me escucharon hablar del cambio, de lo nuevo, siempre les recomendé dar todo por mejorar a la humanidad, darle una retribución, un cambio justo.
Yo soy ese cambio del que hablé tantas tardes, pero no quiero despojarme de mis días, de mis soles al atardecer con Isabel, relajados, sonriendo, siendo jóvenes. Me rehuso a donar mis pensamientos a quienes no los valoren, no hice nada de mí, todos mis sueños no los cumplí, no soy un ser realizado, y creo que nunca lo seré, pero amo vivir, mi vida es insignificante, imperfecta; Por momentos soy odioso, en otros sonrío por horas, me considero inteligente, dialogo con los ancianos, los escucho y les doy ánimos siempre. Mis amigos me adoran, yo a ellos con igual intensidad, sé que soy el núcleo de toda mi familia y no puedo dejar de existir porque un infortunio del azar me eligió a mi como anomalía reparadora. Los médicos conspiran contra mí desde hace unas semanas, la presión y el estress me tienen muy agobiado, desespero todos lo días a todas horas, miro el mundo sin pensar mas que en verlo desaparecer, a todos aquellos que están enfermos destruirlos para contemplar un mundo sano y repleto de vida rebosante. 
Mis pensamientos se cierran en mi mente.
Estoy tirado en el suelo, llorando, excitado, ansioso y sin saber hacia donde ir, que decir, que hacer, me obligan a entregarme, me dicen que tengo unas horas para hacerlo de forma voluntaria, de lo contrario me espera un acoso horrible, una destrucción pública desmedida, mucho peor que las plazas del medio evo,  o de los riscos de matanzas y alabanzas. Sé que pueden destruirme con los medios, tienen todas las  armas para coaccionar en mi contra. La carta se vuela con la brisa, no desaparece el dolor que siento en mi estómago, la desesperación infernal de saber que soy una mierda, un ser que no soporta sentir la envidia de la vida  en otros. Odio la simpleza de todos los seres que ahora mismo coexisten deborándose unos con otros, las enfermedades son terribles pero también son parte de la existencia, de la evolución incluso, nos ofrecen oportunidades para elaborar con inteligencia nuevas bases de conocimiento, nos hace mejores y mas preparados. No soporto el calor en mi rostro, sudo mucho mis manos, pies y cuello, el cabello se me pega, caen gotas en mis ojos, vomito las verduras que acabo de comer, siento la acidez en mi garganta y en mi nariz, estornudo, siento cachos de verduras que no puedo tragar para deglutirlas como debe ser, o como es normal.
Me siento el hombre mas desafortunado del planeta, acabo de ensuciar mis manos con mi propio vomito, lloro y veo las palabras de la carta una y otra vez, me pesa la cabeza, me duele dentro, no puedo describir que es lo que siento, es como romperse entero, romper el alma, no hay palabra que describa mi destrucción.
Mis pensamientos, se abren.
-Hijos de puta, gobierno de mierda, mentiras y mentiras, ¿ Por qué no dan la cura contra el hambre?, hijos de puta, no debería de existir la jet set, es descaradamente infame lo que nos representa todos los días, y nosotros cómodos, con nuestros televisores de plasma, nuestro ordenador con internet y nuestras hijas en el colegio privado. Tambíen la cenas que nos damos todos los fines de semana en nuestro restaurante favorito frente al mar. Me avergüenzo de ser humano, de sentir como humano, de comer como humano, de ser tan insignificante y creerme un universo. Me  doy pena por generar ambición en mis alumnos, defendiendo la idea de la creación y la inteligencia como modo de vida. Me doy asco aquí, tirado en el suelo de mi propia casa, oliendo el hedor de mis fluidos corporales.
Se cierran mis pensamientos.
Tengo una hora, mi reloj se acaba de detener, extrañamente se detienen sus manecillas, voy al baño, mojo mi boca, la enjuago, recuerdo un pasaje del gran libro Hebreo. Grito asqueado de la ansiedad insoportable, nace en mi una envidia detestable contra mis congéneres, nace odio de donde nació amor, me duele el alma. Veo ojos, sonrisas, ojos, manos pequeñas, abrazos, lágrimas de felicidad, de muerte. Pienso en la maldita carta. Mis hijas no podrán vivir sabiendo que su padre fue una mierda sin sentimientos, no tengo tiempo para escribir lo que me rodea, ni para grabar en video todo lo que ahora siento, sé que no me entenderían, y que corro mas peligro de que en los medios utilicen todo lo que tengan para hundirme hasta la muerte. Se me ocurre desaparecer.
Abro mis pensamientos.
-Puedo coger el coche, la estación de tren está a unos veinte minutos, dejo el coche con las llaves y cruzo la frontera que está a una hora en tren, luego cojo el primer avión que me deje en el lugar mas extremo que pueda existir, y hago de mi, otra persona, me olvido de Isabel, de Lourdes y María, destruyo todos mis recuerdos con la nueva información que me atontará, la necesidad de comer y sobrevivir me hará pasar años sin volver a recordar este momento. 
Cierro mis pensamientos.
Vomito nuestra cama, me meo encima, siento el calor en mis pantalones, luego un frío suave y refrigerante. Mis alumnos hablan de mí, oigo como hablarán de mi al escuchar las noticias. Esas palabras no me gustan, pueden ser muy crueles, lo son realmente, dicen todo lo que no puedo soportar, me veo como un asesino. 
La carta destruida vuela por la sala , desordenada y removida por mí, miro como esos papeles danzan una música que no puedo comprender, la música de la vida, del mundo que se encuentra gobernado por leyes naturales, leyes que en su conjunto controlan el universo. Lloro demasiado fregando con mi mano derecha mi frente, apretando todo lo mas fuerte, queriendo quitarme la pena de sufrir un infierno en un lugar tan bonito, mi casa.
Quedan unos minutos, Isabel no tardará en llegar, las niñas lo harán luego, lo hacen siempre, por Dios, amo vivir así, secuencialmente, esperando cada día llegar a mis tres amores, lloro en demasía sabiéndome muerto en un breve espacio de tiempo.
Recuerdo la carta, releo.
Estimado... "Tras los estudios pertinentes... " ... sus "cualidades físicas únicas lo hacen el único candidato..." ... sentimos informarle que tiene el derecho de expresar su opinión, pero creemos oportuno que comprenda que la gloria tras su desición comenzará a disfrutarla en vida y luego en su muerte fecundará en la historia un mensaje para el futuro, un mensaje de amor y paz, de lucha y entrega, de amor a la humanidad..." " ... sepa usted señor que de lo contrario no podremos controlar los infortunios y malestares futuros que pueda ocasionar la publicación de su historia a todos los medios del mundo..." " lo dijo  Sócrates junto a Critón en su celda ..." "... No hay peor castigo que el ... ". Hijos de puta, el desarraigo, la muerte para mí no es la solución, como se puede valorar así la vida de una persona, decido vivir, no pueden condenarme a la muerte, pero si vivo, el calvario será peor. Hay millones de personas que harían con mi cuerpo muchas atrocidades antes de entregarlo a los médicos. No comprendo toda la presión que ejerce el planeta sobre mi, la gravedad es tan ínfimamente angustiosa, el poder de aquellos que desearan mi muerte, me buscarán y querrán capturarme, me utilizarán posiblemente para orquestar nuevos enfrentamientos, nuevos tratados, dinero, mierda, mi cuerpo vendido, comprado, vendido, destruido, sobrevalorado como el oro y el petróleo.
 Mis pensamientos se abren.
-Le digo: Isabel, voy a morir, los médicos me han dado  tres meses, no hay nada que hacer, mi cuerpo no podrá aguantar mas. Sus ojos seguramente se cerrarán, me abrazará, me dirá que me ama, me acompañará con su mano pegada a la mía, me hará sentir el hombre más afortunado de la tierra y me dará, incluso, ganas de morirme.
Cierro mis pensamientos.
Isabel se detiene en la puerta, corre hacia mí, mientras ve los papeles, mis vómitos, mi desorden de furia, me pregunta que me sucede, no puedo ni mirarla, he esperado por ella mucho tiempo, llevo dos horas infinitas.
No tengo más remedio que contarle.
Abro mi diálogo.
-Amor, no puedo ocultarte nada, ves esos papeles._ digo mientras señalo la carta destruida, desparramada por toda la sala.
-¿Qué sucede cariño?, ¿Por qué lloras tanto?_ me dice dulce, amable, risueña hasta en los peores momentos.
-Recuerdas que el año anterior tuve un malestar que duró todo el año.
-Pero eso ha pasado, lo has pasado mal, pero ya está superado.
-No, no, es que mi malestar, era un cáncer, debería de estar muerto._ le digo con mi estupor explotar hacia afuera.
-¿De qué hablas?, no puede ser, estás equivocado, deja ya de hacer esto, debemos llamar a emergencias.
-Ya lo he hecho. Isabel, siéntate, esto es muchísimo mas difícil para mí, déjame que te cuente todo.
-Está bien, pero rápido por favor, las niñas vienen en camino._ dice sin comprender. 
-Fui al médico hace seis meses, me dieron chequeos rutinarios, los hice, fue cuando ustedes tres estuvieron en lo de tu madre, no quise alarmarte, realmente había superado todo el trauma y preferí no mencionarte nada. Volví días después a las clases de la universidad, pero algo dentro de mí me hizo recordar el dolor dentro mío, en mis ojos, mis piernas, mis pulmones, mi corazón, mis venas, mi cuello, mis manos, todo mi cuerpo volvió a estremecerse. Supe escapar del malestar y fui a buscar los análisis días de después. Fue realmente el peor momento de mi vida, los médicos me diagnosticaron cáncer fulminante, al principio me resigné, recordé los casos en mi familia y me di por vencido o reinado. Pasé realmente la peor noche de mi vida, solo, extrañandolas, me retorcí de dolor, leí la metamorfosis de Kafka y lloré por horas, pedí por ustedes y por mi mamá. Pensé, no puedo mentirte, en matarme, de cortarme entero, pensé en viajar y morir solo, para que no me vean perecer mis niñas dejándoles un trauma asqueroso hacia la vida. Me emborraché y toqué el piano toda la noche, mis pensamientos no los recuerdo, solo puedo contarte que al despertar sonó el teléfono de la habitación, era mi móvil y en el se hallaban las voces de los médicos que me habían destrozado la vida. Me dijeron que debía ir urgente al hospital, que habían descubierto algo asombroso, que debía sentirme bien. Lo hice y casi sin creérmelo conduje medio borracho hasta el hospital, donde me comunicaron que era el único ser que había logrado crear un sistema  de defensa netamente natural con el cual podía destruir el cáncer en solo unas horas, eso iluminó mi vida en un instante que nunca podré narrar, seguido de esa felicidad desmedida supe que lo peor vendría luego. Los doctores me advirtieron que informarían a la comunidad científica y que eso conllevaría seguramente un acto de caridad con el mundo, según ellos no podían despojar por una vida la solución a millones de enfermos en el mundo. Me explicaron todo el mal que la enfermedad hizo en los últimos siglos, intentaron lavarme el cerebro, convencerme de perder mi vida por eso. Me rehusé y volví a mi vida, volvieron ustedes y pasaron dos meses. Me acosaron, me intimaron, el gobierno comenzó desde aquél día hasta hoy una persecución silenciosa, psicológica, para que me entregue por mi voluntad y puedan estudiarme. ¿Entiendes Isabel?, dejarlas, morirme, mi amor, hace dos horas me ha llegado la última carta, vendrán a por mí, es legal, y no sé que hacer.
Odio el momento en que visité a esos médicos, me aborrezco por confiar en el sistema, envidio la vida del resto de las personas, y no sé que hacer, no quiero morir mi amor, quiero verlas envejecer, quiero que bebamos nuestras infusiones, quiero ver como crecen mis alumnos. 
-Debes hacer el bien, debes entregarte, te amamos, eres nuestro héroe, dame tu mano. _ acaba de cumplirse mi profecía, no me decepciona, Isabel me hará el hombre más afortunado del planeta, aunque mi muerte no signifique más que un intento en vano por destrozar uno de los tantos males que abarrotan la existencia de la humanidad en este planeta, mis átomos se recompondrán en algo sumamente bonito y perfecto, allí alojaré mis pensamientos, mis deseos y pronto podré volver a ver a mis tres amores.
Cierro el diálogo.
Nos fundimos en uno, nos quedamos abrazados para recibir a los médicos, policía y prensa de todo el mundo, los sonidos no puedo describirlos, solo sé que mi estómago ha dejado de dolerme, que mi sensación de completitud se ha rehecho, se abren mis fosas nasales y huelo las flores de mi jardín. 
Alguien se acerca, nosotros no nos desprendemos, preferimos congelarnos, Isabel quizás ya lo sabía,no se lo preguntaré, no tiene importancia la traición, amo a esta mujer.
-¿Señor John Badiou?, mi nombre es Allan Conauger, en nombre de su comunidad y del estado, damos las gracias por su coraje y entereza. Puede usted, si lo desea, responder algunas preguntas antes de marchar, no olvide que sus últimas palabras harán historia, sea prudente.
Acabo de oirlo, abro los ojos, reconozco su rostro, no logro saber de donde, quizás me siguió. Desde aquí se ven todos los periodistas luchando con la policía, también el vallado y la furgoneta abierta para llevarme a mi destrucción. 
Suelto a Isabel cruelmente, me recompongo y no miro hacia atrás, no sé cuales serán mis palabras, veo luces muy fuertes, muy blancas, veo siluetas, sombras, quizás aquellas sombras sean el nuevo mundo que me espera, estoy temblando por dentro.

Boston Massachusetts, New Braintree Old Common Rd 123.
May 1973.

 Todos los derechos reservados  Copyright 2009

jueves, 5 de febrero de 2009

From Leicester square.

Tiene el cuello muy largo, como si quisiera tocar el cielo con la nariz. Podría ser de cualquier país europeo, tiene cierta elegancia al sentarse con las piernas cruzadas. Es seguramente una mujer muy limpia, algo retraída, quizás le falten dos muelas, eso nunca se ve. Me gustaría verla reír ahora mismo, pero la gente la miraría extrañada, y no quiero que eso suceda, es muy bonita para sentir vergüenza. No me ha mirado siquiera una vez, tengo mis ojos clavados en su escote cuidado, pero muy sugerente, tiene un lunar en la teta derecha que me gusta muchísimo. Podría decirle algo, pero tendría que pararme, hacer equilibrio y no pienso hacer el ridículo yo tampoco.

-¿Me puede dejar sentar?_ dice una señora entrada en la tercera fase de la edad, me sacude para que le conteste rápido. Me hago el dormido, ¡no para esta mujer!, tendré que pararme, estoy algo cansado para ser tan cortés. -¡Sí!, es que estaba dormido, perdone señora._ parece no creerme nadie, estoy haciendo el ridículo, ella me mira y sonríe. –Si claro, déjeme joven de una vez que me duelen las piernas._ me levanto, cargo mi mochila a la espalda, sostengo el libro que he dejado de leer hace unos minutos, por pensar con la mirada, más bien por pensar en follarme a esa tía. 

Ahora me mira como si quisiese algo conmigo, lo dudo, obviamente no puede ser cierto, mi ridículo ha sido absurdo pero ha captado cierta atención. Estornudo sin previo aviso de mi cuerpo, ahora estoy rojo y pidiendo perdón, el pobre está lleno de mis gérmenes. Alguien abre la ventanilla, y algunos más repiten la misma acción, es inevitable.

Es un día que no tiene más que clonaciones, el clima se repite y continua siendo una mierda, gris, frío y sin sonidos más que el de los coches. Londres hoy es muy aburrido, no suele ser así, quizás yo estoy aburrido y por eso paseo en un autobús turístico, para leer tranquilo. Ahora hay otra mujer, esta habla por el micrófono, es monótona, su tono de voz me duerme los oídos, ella me mira. Me acerco, alguien ha dejado el asiento de la ventanilla para ver algo por el otro lateral del autobús, seguro quiere ver la noria del futuro. Estamos sobre el puente que une dos monumentos, estamos cerca de un parque importante, ya estoy sentado aquí, junto a ella. Me palpita el corazón, igual es una sensación de ansiedad, lo cierto es que tengo calor, me sudan los pies y las manos, se me para el pene y me caliento mucho, ya la imagino desnuda y metiéndosela muy suave, puedo sentir la sensación de calor allí debajo. Me palpita de calor el rostro, y creo que ella también está muy excitada, lo siento, es esa condición animal que nos posee y nos apasiona de una manera casi incontrolable. Estoy calmado, nos mira un niño, creo que hice algún gesto, lo que es peor, estoy con la mano que sostiene el libro raspando constantemente sobre mi sensibilidad, parece que el libro tapa poco, o yo soy muy poco disimulado.

Suspiro, y hago un mundo con ella, no puedo evitarlo, hace tiempo que no sentía algo así, se cómo termina todo, pero tengo una calentura enorme, que me come por dentro. ¿Qué le digo?, siempre que me sucede esto, no hago nada, y soy muy lento, cortejo poco a poco, como si fuera una paloma, y el tiempo es mi peor arma, se me va de las manos, se deshace como el chocolate en verano. Ella toca su cuello de jirafa, solo le faltan las manchas de color, ¡es tan femenina! Creo que es un signo, para avanzar, o algo así. Ahora su mano recorre su falda y no puedo evitar girar mi cuello entero y mirarla directamente al oído, o a su perfil. No se mueve, yo tiemblo, miro hacia delante, estamos pasando por la fachada del National portrait gallery. Se avecina una parada, me roza con el codo, se juntan los dos brazos, reunimos calor, esta sensación me encanta, mis pálpitos son aun más rápidos. Yo le pido fuego, aunque no fumo, no, definitivamente no, no fumo y no quiero hacer el ridículo.

Bajo la mano izquierda que le roza el brazo para tocarle la mano.

Estoy junto a sus dedos y siento que puedo hacer todo, que soy capaz de lo que me propongo, ahora si pienso en un hijo, y el rostro unido de nosotros dos. Soy padre por un instante, me gusta.

Se para, se abre la puerta, -¡No!, ¡No te vayas!_ pienso, pero no puedo decirle nada, es lo de siempre, el tiempo, el chocolate derretido en mis manos.

El autobús continua, la mujer del micrófono también, me siento un idiota,  rápidamente apunto la intersección de las calles, por si vuelvo a verla. Es posible, creo, quiero bajar, pero ya no hay parada. Pienso entonces en caminar la ciudad, mejor no pienso en nada, leer, menos, este libro es una mierda, solo me gusta la portada. Espero poder cruzarla en alguna intersección, quizás pueda hablarle, contarle que podemos hacer grandes cosas juntos.

Soy un imbécil, soy un enamorado de las oportunidades.